lunes, 2 de junio de 2014

BATALLA DEL RÍO THATES, 310 a.C. La lucha por el trono del Bósforo


En el extremo noreste del mundo griego estaba a punto de decidirse el devenir de uno de sus reinos más prósperos. El Bósforo Cimerio es uno de los olvidados por la historiografía moderna, quizás dada la escasa información que nos dejaron las fuentes antiguas. En este trabajo trataremos uno de sus episodios más importantes: la lucha por el poder de los hermanos Sátiro y Eumelo.





Akinakes, espada corta escita, de 64 cm. de hoja,
empuñadura en forma de T enrollada hacia arriba
pronunciada cresta central, mango estriado y forjada
por piezas.
Antecedentes

Ya en el Siglo IV a.C., el arconte del Bósforo era Seleuco, quien a partir del 393 asoció el trono a su hijo Sátiro. Muerto este, su sucesor fue Leucón I, que reinó durante cuarenta años, dejando el reino en manos de sus dos hijos, Espartoco y Parysadis, que reinaron conjuntamente desde 348/7 hasta la muerte del primero en 344/3; y desde entonces Parysadis gobernó en solitario.

Tras un longevo reinado de treinta y ocho años, en 310 a.C. el rey del Bósforo Cimerio, Parysadis, murió, dejando tres hijos: Sátiro, Eumelo y Pritanis. De ellos, el mayor era Sátiro y asumió el gobierno de su padre. Sin embargo, Eumelo, tras establecer alianza con Aripharnes, rey de los Siracenos[1], reclamó para sí el trono con el apoyo de un gran ejército.

Enterado de esto, Sátiro le salió al paso con su propio ejército. Cruzó el río Thates[2] cerca de donde estaba el enemigo y estableció su campamento, el cual rodeó con los abundantes carros de suministros que llevaba consigo.
La guerra por el trono del Reino del Bósforo Cimerio había comenzado.

El Reino del Bósforo Cimerio (en verde) hacia la época de la batalla. A su alrededor se pueden ver otros Estados
griegos (Quersoneso en violeta y Olbia en naranja) así como las distintas tribus escitas y sármatas.

Curiosamente, según Diodoro[3] unas profecías habían anunciado la muerte de ambos contendientes. “Ellas dicen que el dios había dicho que Sátiro debía estar en guardia contra el ratón para que no cause en algún momento su muerte. Por este motivo no permitió ni a esclavo ni libre de los asignados a su servicio para que llevaran este nombre; y él también temía a los ratones domésticos y de campo y siempre estaba ordenando a sus esclavos para matarlos y bloquear sus agujeros. […] En el caso de Eumelo la advertencia era que él debe estar en guardia contra la casa que está en movimiento.  Por lo tanto, nunca después, entró en una casa libremente a menos que sus sirvientes se habían examinado ya el techo y los cimientos.”



Tropas

Ejército de Sátiro

 “Inscrito en su ejército no eran más de dos mil mercenarios griegos y un número igual de los tracios, pero todo el resto eran aliados escitas, más de veinte mil soldados de infantería y no menos de diez mil caballos.”[4]

Puede parecer extraño que no se haga referencia a tropas ciudadanas, pero esto tiene una explicación muy sencilla. La buenas relaciones con los escitas hacían que no hicieran falta grandes ejércitos. Estos se basaban en mercenarios, y aunque la milicia ciudadana no hubiera desaparecido del todo, esta era bastante irrelevante. Una pequeña fuerza mercenaria era suficiente para mantener el orden local; y en caso de necesitar un mayor número de hombres se podía llamar a levas a los escitas que se encontraban en situación de dependencia.

Mercenarios tracios
Infantes tracios. Aunque la imagen representa un
hecho más de un siglo posterior, el armamento sería
muy similar hacia la época de la batalla que nos ocupa.
Imagen: Angus McBride
Los tracios eran tipicamente pelirrojos y de ojos grises o azules. Su vestimenta tradicional era la túnica con estampados y un birrete de piel de zorro, botas y un manto largo, el zeira, con estampados geométricos en vivos colores. Pero para esta época quizás ya hubieran cambiado (como atestigua la iconografía), con una túnica que podía ser de manga corta o sin mangas, en cuyo caso esto probablamente se abrochara en el hombro con broches, como ocasionalmente se muestra, dejando el hombro derecho al descubierto. La ropa era de color blanca, crema, rosada, azul claro, verde claro o una variedad de rojos y marrones-rojizos. La mayoría de los infantes llevaban yelmos de bronce aticos o el yelmo llamado tracio. En contraste con las primeras modas, las capas y túnicas eran usualmente lisas, marrones-rojizas con una  raya blanca en cada manga y dos debajo de cada lado.

El tipo tradicional de infantería eran peltastas (capaces de luchar en formación o realizando escaramuzas)armados con lanzas de empuje o jabalinas, espada o daga y la pelta. Los tracios adoptarían el escudo oval, thureos, antes que los griegos, proveniente de los celtas, y es posible que los mercenarios presentes en el Río Thates ya contaran con él.

Peltasta ificrátida. Aunque su armamento era más liviano
al de un hoplita tradicional, era una tropa lo suficientemente
bien armada como para hacer frente a cualquier infantería
del momento.
Imagen: Marek Szyszko.
Mercenarios griegos
En las fuentes no se da mayor descripción sobre estas tropas, pero es posible que la mayoría fueran peltastas ificrátidas.

Tradicionalmente, los peltastas griegos habían ido armados al estilo tracio, usando también sus mismas tácticas. Sin embargo, el general ateniense Ificrates introdujo algunos cambios (en 378 o 374 a.C.) en la panoplia que fueron un éxito, extendiéndose rápidamente entra la mayoría de los mercenarios dada su gran versatilidad y bajo coste. Portaban una lanza larga, de unos 3,6 m., espada corta de tipo xiphos, pelta, armadura ligera (quien pudiera costeársela), yelmo tracio o el más económico pilos. En lugar de grebas, llevaban botas altas, denominadas ificrátidas, en honor a su inventor, cuyo padre era zapatero. Así pues, aunque se denominaran peltastas, más bien habría que hablar de hoplitas ligeros, con mayor flexibilidad táctica que los tradicionales pero mucho mejor preparados para el combate cerrado que los peltastas.

Jinetes nobles escitas armados
con lanzas arrojadizas, arco y
hacha;y protegidos por un
coselete de escamas de bronce
y yelmo corintio o gorro de cuero.
Imagen: Angus McBride.

Caballería escita
Los escitas llevaban el pelo muy largo y normalmente eran mostrados con largas barbas y con altos pómulos y narices anchas y planas. Llevaban tatuajes en brazos y manos, como los hombres de la cultura de Altai. Llevaban un abrigo de pecho cruzado de colores teñidos con rojo y verde, pantalones anchos y muy decorados, botas cortas y un gorro puntiagudo. Las ropas eran de seda, cuero, fieltro, lana o lino. Los mantos podrían estar forradas de armiño, marta u otra piel.

El arma principal era un arco corto compuesto recurvado de cuerno, madera y tendón, con cuerda de tendón. Disparaba flechas muy ligeras, con cabeza de bronce o hierro. Arco y flechas eran llevadas jntas en una cesta llamada gorytos, colgada del cinturón en la izquierda. La cesta podía llevar 200 flechas o más. Los escitas llevaban las manos de sus enemigos cubriendo su cesta; además de usar calaveras como copas y cabelleras para decorar su bridas.

El arma secundaria podía ser una daga o un hacha, y ocasionalmente una jabalina. Dagas o espadas cortas fueron del tipo persa akinakes, por lo general llevadas a la derecha al estilo persa.

Los nobles portarían armas similares, pero estaban mejor protegidos. En varias figuras aparecen con grebas de tipo griego, además del antiguo yelmo corintio o ilirio y un coselete de escamas de bronce sobre un apoyo de cuero; llevando un escudo de mimbre sobre los hombros.

Infantes escitas y jinete desmontado
(izquierda).
Imagen: Angus McBride.
Infantería escita
Los arqueros no se diferenciaban de los que iban a caballo. Llevaban hacha, la cual estaba decorada, tenía una cabeza pequeña y un mango largo.

Un escita es ilustrado usando el sagaris oriental, pero es más convencional el hacha. Podían portar dos jabalinas y el escudo característico escita de piel estirada en un marco de madera.














Ejército de Eumelo

Eumelo, sin embargo, tuvo como aliado Aripharnes, el rey de los Siraces, con veinte mil jinetes y veintidós mil infantes[5]. 

Caballería sármata
Arquero a caballo sármata.
Los sármatas siempre son representados sin barba, ocasionalmente con mostachos. Portaban una capa decorada al estilo escita y pantalones más ajustados de lo que era usual. Los materiales y decoración eran probablemente similar a la de los escitas, pero con placas de oro en forma de media luna, rosetas u otras formas geométricas en lugar de las figuras rectangulares de los escitas. El arma más común era el arco compuesto, con una inusual combinación de carcaj en forma de arco, aunque el gorytos escita también era usado. Las puntas de flecha eran pequeñas, usualmente de tres filos y barbadas, de hueso, bronce o hierro. Las espadas eran llevadas a la derecha y variaban desde la corta akinakes a otras de una hoja de hasta 1,2 m. de longitud.

Infantería sármata
Al igual que los escitas, iban armados con hacha, escudo y arco. Por lo demás, su vestimenta sería similar a la de los jinetes, sin barba y con el pelo corto.
Su papel en batalla no estaba muy claro, pero sin duda estarían subordinados al accionar de la caballería.

La Batalla

Ambos contendientes estaban listos para la batalla y esta no tardó en darse.
Sátiro se colocó en el centro, como era la costumbre entre los generales escitas, con un escuadrón de caballería escogida, mientras que el ala derecha estaba compuesta por los mercenarios, al mando de Menisco, y la izquierda la formaban los escitas.

Por su parte, Eumelo se colocó al mando del ala izquierda de su ejército, quedando el centro para su aliado Aripharnes[6].

Caballería escita cargando.
Nada más comenzar la batalla, Sátiro se lanzó con su caballería escogida contra el centro de la formación enemiga, donde se encontraba Aripharnes. Tras una reñida lucha en la que cayeron muchos jinetes de ambos bandos, el rey bárbaro se vio obligado a retroceder. Quedando el centro del campo de batalla para él, el rey del Bósforo se lanzó a la persecución del rey siraceno y sus hombres.

Mientras tanto, Eumelo derrotaba al ala derecha de su hermano, lo que obligó a Sátiro a detener la persecución del centro sármata derrotado y volver al campo de batalla en ayuda de sus mercenarios.

Enfrascado aún en el combate hacia el frente e iniciando la persecución de los mercenarios que huían, y estando por tanto sus tropas desordenadas, Eumelo no estaba preparado para acometer el ataque por la retaguardia que había emprendido su hermano, por lo que se vio obligado a retirarse junto con los pocos hombres que pudo reunir.


Quedándose sin ninguno de sus dos líderes y habiendo sido derrotados en el centro y en su ala izquierda, todo el ejército siraceno abandonó la lucha dejando el campo y la victoria en posesión de Sátiro.

Amazona y jinete sármatas dando
cuenta de un escita.
Imagen: Angus McBride.
Asedio de Siracena

Sin embargo, Eumelo y Aripharnes lograron reunir los restos del ejército y retirarse a la capital de los siracenos, Siracena. La ciudad estaba situada en el mismo río Thates, que la rodeaba haciendo su acceso realmente difícil dada la profundidad. A su vez, también estaba rodeada por acantilados y bosques espesos, teniendo tan sólo dos entradas. Una de ellas estaba en el propio castillo Real, guardado por torres y muros. La otra estaba en el lado opuesto, en una zona pantanosa, fortificada por empalizadas de madera, con acceso por un puente de madera.

Puesto que la posición era tan fuerte, Sátiro se decidió por saquear la región, tomando prisioneros y botín. Sin embargo, mientras Eumelo continuara vivo y en libertad su trono podría estar en entredicho. Por ello se decidió a atacar. Pero tras perder numerosos hombres contra las murallas se retiró, siendo obligado a pasar por el pantano. Allí se hizo con el puente y la empalizada, los cuales destruyó.

Decidido a tomar la ciudad, Sátiro ordenó la tala de los bosques cercanos para poder llegar al palacio. Aripharnes reaccionó ante la alarma causada y, convencido de que solo la lucha le daría la victoria, mandó arqueros a cubrir ambos lados del paso. Las obras de tala fueron ralentizadas con facilidad, ya que entre la espesura del bosque los arqueros podían disparar sin ser vistos y los hombres de Sátiro no podían organizarse para un contraataque. Sin embargo el rey del Bósforo persistió y al cuarto día logró su objetivo de llegar a los muros del palacio.

Allí fueron recibidos con gran cantidad de proyectiles. El reducido espacio hacía que la gran masa de hombres se convirtiera en un blanco fácil, pereciendo muchos. Menisco, el líder de los mercenarios, un hombre lleno de sagacidad y audacia[7] tras luchar brillantemente junto con sus hombres se vio obligado a retirarse cuando una fuerza mayor salió contra él. Al verlo en peligro, Sátiro se lanzó en su ayuda de inmediato, pero en la embestida del enemigo fue herido por una lanza a través de la parte superior del brazo, en el músculo al cual los médicos antiguos llamaban “ratón”, dando sentido así a lo que había vaticinado la profecía.

El rey fue llevado con rapidez de vuelta al campamento, pero llegada la noche, murió. Había reinado tan solo nueve meses desde que su padre Parysadis muriera.

Moneda del Bósforo; en ella aparece Parysades, padre
de Sátiro y Eumelo.
Consecuencias

Menisco llevó el cuerpo de Sátiro a la ciudad de Gargaza[8], y de allí cruzando el estrecho a Panticapea, donde esperaba su hermano Pritanis. Este, tras celebrar un magnífico funeral se hizo cargo del ejército y del poder Real, trasladándose de inmediato a Gargaza. Una vez allí, Eumelo envió embajadores para discutir una partición del reino, pero Pritanis hizo oídos sordos a la oferta y, dejando una guarnición en la ciudad, regresó a Panticapea para asegurar las prerrogativas reales para sí mismo.

Mientras tanto, Eumelo asaltó y tomó Gargaza y otras ciudades cercanas. Fue entonces cuando Pritanis le plantó batalla. Eumelo salió vencedor del choque, encerrando a su hermano en el istmo y obligándolo a aceptar los términos para su rendición, entregándole el ejército y el trono. Sin embargo, cuando Pritanis llegó a Panticapea trató de recuperar el reino, pero una vez más fue derrotado, huyendo ahora a un lugar llamado los Jardines[9], donde encontró la muerte.

Una vez muertos sus hermanos, Eumelo, para asegurarse el trono, mató a los amigos, esposas e hijos de aquellos. El único superviviente de la masacre fue Parysades, hijo de Sátiro que, huyendo a caballo, se refugió con Agarus, un rey escita[10].

Arquero escita dibujado en el fondo de
un plato de figuras rojas de Epicteto
(520-500 a.C.). 
Dado que los ciudadanos estaban molestos con tal muestra de crueldad, Eumelo convocó al pueblo a una asamblea, donde defendió su derecho a reinar y restauró la constitución de sus padres, aquella en la que los habitantes de Panticapea[11] quedaban inmunes de impuestos, así como los liberó de otras medidas especiales, además de discutir otras medidas que beneficiarían al pueblo. Eumelo se ganó así el favor del pueblo, gobernando a partir de entonces conforme a la constitución y no exento de admiración; extendió las fronteras del reino, haciéndolo más poderoso; defendió la libertad de las ciudades griegas del Ponto Euxino[12] en contra de los Diadocos, los bárbaros y los piratas[13].

En palabras de Diodoro, “se comprometió a someter todas las naciones de todo el Ponto, y posiblemente se habría logrado su objetivo si su vida no había sido repentinamente cortada. Porque, después de que había sido rey durante cinco años y el mismo número de meses, él murió, sufriendo un accidente muy extraño. Mientras regresaba a casa de Sindice y se apresuraba para un sacrificio en su palacio, montando en un carro tirado por cuatro caballos que tenía cuatro ruedas y un toldo, sucedió que los caballos se asustaron y huyeron con él. Puesto que el conductor era incapaz de manejar las riendas, el rey, temiendo que él se llevará a los barrancos, trató de saltar; pero su espada atrapada quedó en una rueda, y fue arrastrado por el movimiento del carro y murió en el acto[14]

Se cumplía así la segunda parte de la profecía que había anunciado la muerte de ambos hermanos.



Autor: Alejandro Ronda.


Bibliografía:
Diodoro Sículo; Biblioteca Histórica.
Polieno; Estratagemas.

Varios autores; Diccionario de griego y romano Geografía.
Duncan Head; Armies of the Macedonian and Punic wars (359 BC to 146), Wargames Research Group.
Edouard Will, Claude Mossé, Paul Goukowsky; El mundo griego y el Oriente II.
Varios autores; Técnicas Bélicas del Mundo Antiguo.
Fernando Quesada; Armas de Grecia y Roma.





[1] Un pueblo sármata que habitaba entre el lago Maeotis y las montañas del Cáucaso.
[2] No está nada la localización actual del río. Algunos autores llegan a situarlo en la península de Crimea, mientras que otros afirman que era un afluente del Hypanis, actual Kouban. Yo me inclino claramente hacia la segunda opción, dado que entraba dentro de la zona de influencia siracena.
[3] Diodoro 20, 26’ 1-2.
[4] Diodoro 20, 22’ 4.
[5] Diodoro 20, 22’ 4.
[6] Diodoro 20, 22’ 4.
[7] Diodoro 20, 23’ 6.
[8] Gorgippia. Probablemente la misma ciudad que Ptolomeo (Geografia 5, 8’ 2) llama Gerousa.
[9] Probablemente la actual Tamán, en el mismo itsmo.
[10] No existe ninguna otra referencia a este personaje, pero Apiano (Guerra contra Mitrídates, 88) menciona un pueblo escita llamado Agari.
[11] He aquí un ejemplo de las diferencias entre los ciudadanos de Panticapea, del que los gobernantes del Bósforo obtenían su gobierno, y el resto de pueblos a los que gobernaban.
[12] Mar Negro.
[13] Diodoro 20, 25’ 1-3.
[14] Diodoro 20, 25’ 3-4.

2 comentarios:

  1. Nunca habia leido nada acerca de las colonias griegas en Crimea salvo que se convirtieron en una escision del reino del Ponto tras la derrota del ultimo y mas grande Mitridates.

    Por cierto, antes de leer esta pagina me consideraba un erudito en historia antigua y tras leer varios completisimos y didacticos temas no me queda mas que daros mi mas sincera enhorabuena por la pagina y daros las gracias pues estoy aprendiendo mucho sobre temas que me apasionan.

    Un saludo. Hector.

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    1. La historia de las colonias griegas en Crimea es poco abordada tanto por las fuentes antiguas como por la historiografía moderna. Sin embargo contamos con historias como la aquí narrada o como la que comentas de Mitrídates. Posteriormente el reino del Bósforo se sometió a Roma para sobrevivir a las invasiones sármatas.
      Gracias por los comentarios, intentamos aunar esas dos características que dices, que los artículos sean completos pero a la vez entretenidos, además de lo más objetivos posible.
      Nos alegra mucho saber que son de tu agrado y esperamos que sigas leyéndolos y comentándolos.
      Un saludo.

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